Un chico en Casilda desapareció en aquella época y después apareció muerto. Fue muy doloroso para nosotros, contó [el entrenador de la Selección Argentina] Jorge Sampaoli en una radio, el año pasado, convencido del valor de la sensibilidad y de la memoria. La dictadura, como a muchos de su generación en Argentina, lo marcó. Marilina Ross, actriz y cantante que estuvo prohibida durante la dictadura, fue a tocar a Casilda y a él todavía se le eriza la piel con el momento en que cambió la letra de una canción para decir: Aunque no lo veamos, Perón siempre está”.
(Goal.com, 18/5/2017)

Premio Tablas

“El lunes pasado el ambiente artístico volvió a vivir una fiesta que ya se hizo tradición: el premio Tablas, que organiza y entrega el ciclo radial El sube y baja (…) Veintitrés artistas recibieron su galardón en el Teatro del Globo, en reconocimiento a su trabajo, a su esfuerzo, a su respeto por la profesión elegida y a su trayectoria intachable. El premio se llama Tablas como signo de experiencia y trayectoria, pero eso no implica que los premiados sean sólo del ámbito teatral, también provienen del cine, de la música, las letras y el periodismo. Los ganadores de esta segunda edición fueron: Edda Díaz, José María López, María Esther Fernández, Ivonne Fournery, Carlos Gianni, Karina K, Ana María Casó, Claudio Tolcachir, Graciela Maglie, Sergio Vainikoff, Fanny Mandelbaum, Ramona Galarza, Norma Aleandro, Cecilia Rossetto, Marilina Ross, Luis Puenzo, Francisco Javier, María Rosa Fugazot, Carlos Rottemberg, Raúl Serrano y Luis Ramos (…)”
(Diario La Nación, 28/4/2017).
Foto: Facebook

“[Mi hermana] María Cristina desapareció en junio de 1976 y nunca más supimos de ella, al poco tiempo murió mi padre de tristeza. En España me ayudó a editar un disco el Nano Serrat, pero realmente no me podía concentrar en mi actividad. La desazón y la impotencia se habían instalado en mi corazón, más allá de compartir con amigos como Horacio Guarany, Marilina (Ross), Héctor Alterio, Lautaro Murúa, Luis Politti, pero sentía esa necesidad imperiosa del retorno (…) El regreso de la democracia nos envolvió en un gran firmamento de esperanza y mis temas, orgullo mediante, se erigieron en verdaderos símbolos de ese entonces”.
(Víctor Heredia, El gobierno pone en peligro la democracia, Diarioshow, 8/4/2017)

“Aquí está presente el universo femenino con su sensibilidad a flor de piel. Ofreciéndose a quien se identifique con él y a quien se anime a compartirlo, abierto de par en par, como la madre tierra ofreciéndonos su casa durante el tiempo que estemos en este plano.”
(Texto de Marilina Ross publicado en el arte de tapa del disco Nosotras, de Julia Zenko)

-Foto: Marilina junto a Zenko y Marián Farías Gómez en la presentación del disco en Sala Siranush (Bs As), 20/3/2017- 

“La dupla de autores [Jorge Maestro y Sergio Vainman] (…) se dedicó a escribir seis miniseries de 13 capítulos cada una. La primera estaba protagonizada por Rodolfo Ranni y Gerardo Romano, quien hacía de un adicto a las drogas. Se iba a titular Contra viento y marea, pero no pudieron porque había una canción de Marilina Ross que se llamaba igual. Cuando la miniserie ya estaba grabada, Maestro se cruzó con el entonces gerente de Promociones, Ángel Mele, desesperado porque tenía que promocionar el programa y todavía no había título. ‘Estoy en zona de riesgo’, dijo. Y los autores le respondieron: ‘Ese es el nombre’.”

(Del libro Nacidos para contar, Editorial Grijalbo)

Dos que creen en milagros

mariLa cuarta fue la vencida.
Marilina Ross y Alejandro Doria intentaron tres veces trabajar juntos. La primera en una película, que nunca se estrenó. La segunda en un programa para Canal 9, La comedia humana, que no llegó a salir al aire porque la estatización de los canales en la década del 70 lo voló como el viento. La tercera, hace ocho años, cuando ella se arrepintió de protagonizar el unitario Alta en el cielo, del ciclo Atreverse.
Ahora se les dio. El sábado terminaron de grabar el primero de una serie de espectaculares que Canal 13 transmitirá cuando el Mundial se transforme en recuerdo. Para él es la vuelta a los unitarios, género al que está acostumbrado y que hace sólo dos años que no realiza. Para ella, en cambio, es la vuelta a la televisión luego de 23 años.
– ¿Qué te decidió a volver?
– Me gustó el texto (Comunico milagros, de Juan Carlos Gené). Mi personaje dice lo que tengo ganas de decir, que tenemos que mantener fija la esperanza, si no este mundo no puede seguir andando. Alejandro me había dado el libro hace tres años… ­¡y yo le dije que no tantas veces!
– ¿Por qué lo querías hacer con ella?
(Doria) – Porque me parecía un personaje maravilloso para que vuelva. Es la protagonista absoluta y tiene un papel lleno de emoción y de cosa humana que Marilina tiene como actriz. Estoy feliz porque aceptó: hace años que lucho para que vuelva a trabajar.
– ¿Por qué aceptaste justo ahora?
– Porque coincide con un ciclo que se cierra con la música.
La propuesta de Alejandro Doria llegó, en efecto, en el momento justo. A los 55 años, Marilina Ross sentía que su carrera como cantautora se terminaba. “No me salían nuevas canciones”, admite. “Me costaba mucho encontrar qué decir. Y entonces hacía músicas instrumentales. Una de ellas la hice hace poco, pensando en mi madre, que murió el 11 de mayo”. Casualidad o destino, esa misma música servirá como cortina del programa. Doria la escuchó el primer día de grabación, cuando ella llegó con el walkman a cuestas y él sintió curiosidad por saber qué escuchaba. Apenas la sintió gritó “¡Esa es!”. Y ordenó grabarla para musicalizar el ciclo.
– ¿Cuándo fue la última vez que compusiste algo que te haya gustado?
– Hace tres años. Se ve que hay algún impedimento en el canal de transmisión: no recibo inspiración y no sé qué decir. Me cansé de cantar siempre lo mismo. Si me aburro yo, cómo no se van a aburrir los demás.
– Volvés a actuar y dejás la música. Cuando empezaste a cantar, en la década del 70, también dejaste de actuar.
– Bueno, no. Dejé de actuar porque me prohibieron. Me fui y volví haciendo canciones nada más. En ese momento quedé bastante dolida. Había hecho La Raulito, el mejor momento de mi carrera como actriz. Entonces vino el hachazo y me costó mucho remontar. Con este placer que me da volver a actuar, me doy cuenta de que tuvo que ver con la represión, cosa que no tenía del todo clara.
– ¿Te arrepentís de no haber aceptado las propuestas de Doria mucho antes?
– No, en general no me arrepiento. Las cosas son como son. No empujo para que sean de otra forma. Todo tiene un tiempo y, bueno, ése había que pasarlo. Además no me arrepiento de haber hecho canciones.
– ¿No podrías haber hecho las dos cosas?
– Nunca pude hacer dos cosas a la vez. Me cuesta mucho porque se dispersa la energía. Prefiero meterme con una a fondo. No podría estar en una actividad y pensando en la otra. No me da la media neurona.
– ¿Alguna vez probaste?
– Cuando era joven hacía cine, teatro y dos programas de televisión. Un delirio.
Para la grabación de este especial, sin embargo, tuvieron a su disposición dos semanas. Desde la mañana hasta la noche, un equipo de cuarenta personas se trasladó al hospital Muñiz, donde copó el viejo lavadero y lo transformó en la casa tomada donde vive Rosa, el personaje de Marilina. Doria, bajo su ya clásica gorra negra y detrás de sus anteojos oscuros Ray Ban de los años setenta, da cuenta del mensaje de la historia. “Está basada en una frase de Chesterton que se pregunta por qué es noticia que un obrero se caiga de un andamio y se mate y no es noticia el milagro de que todos los demás se mantengan trabajando en equilibrio. Rosa se encarga de comunicar estos milagros. Y no es una crítica a los medios de comunicación, es una crítica al ser humano mismo, que se interesa por esos temas. Porque, ¿qué es lo que vende? Vende lo espectacular, lo dramático, el crimen, el horror. Cuando la mayoría de la gente lleva una vida simple, honesta, humana pero que no despierta interés para divulgar”.
– ¿Cómo construiste a Rosa?
– La fui viendo. Tiene mucho de la Raulito.
– ¿Qué, por ejemplo?
– No es tan marginal como ella, pero tiene el mismo empuje, las ganas de vivir, la esperanza, el no conformarse con lo que está, el querer algo mejor para la humanidad. Además, hubo una magia en la grabación de este programa que tuvo mucho que ver con lo que fue la filmación de La Raulito.
– ¿Qué diferencias encontraste con la televisión de los 70?
– Muchas. Lo último que hice fue Piel naranja, metida en un estudio y grabando en un día todo un programa de una hora y media. Acá estamos haciendo en quince días un solo programa. Es más parecido al cine que a la televisión.
– ¿Cómo te sentiste como actriz?
– Muy angelada. Me costó al principio. El primer día estaba temblando como una colegiala, pero después fue como andar en bicicleta. Entonces me relajé y empecé a gozarlo porque los días previos no había podido dormir. El día de la lectura de este libro murió mi madre. Pensé: ¿ahora qué va a pasar? Y no pasó nada. Siento que ella está y que me empuja porque siempre quiso que yo fuera actriz. Así que lo vivo como una especie de homenaje.
– ¿Tenés miedo de la repercusión que pueda tener tu vuelta? Que te comparen con lo que hiciste cuando eras joven, por ejemplo.
– En lo físico, para nada. Prohíbo que me maquillen y que me peinen. Estoy a cara lavada, con todas las arrugas, con todos mis años encima capitalizándolos a favor de contar esta historia. Me importa un pito lo que digan. Estoy mayor, sí. Pero no tengo todo puesto en el físico, me importan más otros valores.
– ¿Ves televisión?
– Un poco. Todos los miércoles espero ver un programa que se llama Holograma, que dan en el cable. Es lo único que grabo, veo, reveo y aprendo.
– ¿Viste la remake de La Nena que hicieron Rodolfo Ranni y Valeria Britos?
– Sí, la espié algunas veces. Pero me di cuenta de que no tenía mucho que ver con lo que hacíamos nosotros. Era otra historia. Tal vez se basaron en la nuestra, pero nada que ver. Conservaron el título pero al aggiornarlo perdieron la ternura que era la base de esa relación. Estaba más presente la historia con el novio que la relación con el padre.
– ¿Qué recuerdo tenés de tu época como estrella de televisión?
– Me parece que no era yo. ¡Hacía tantas cosas al mismo tiempo! No me puedo imaginar. Seguramente hacía todo mal.
– ¿Ahora estás más dispuesta a aceptar propuestas de televisión?
– Sí, estoy más abierta. Estoy reencontrándome con esta vieja y querida profesión. Me estoy reconciliando con ella.
Entonces Marilina Ross se para en medio de la oscuridad y la aridez del paisaje del hospital Muñiz. Cambia el semblante y, quizá con la voz de su Rosa, dice: “Me voy a trabajar”. Mientras Alejandro Doria grita de lejos algo así como “¡Acción!”

(Diario Clarín, 2/6/1998)