Premio Tablas

“El lunes pasado el ambiente artístico volvió a vivir una fiesta que ya se hizo tradición: el premio Tablas, que organiza y entrega el ciclo radial El sube y baja (…) Veintitrés artistas recibieron su galardón en el Teatro del Globo, en reconocimiento a su trabajo, a su esfuerzo, a su respeto por la profesión elegida y a su trayectoria intachable. El premio se llama Tablas como signo de experiencia y trayectoria, pero eso no implica que los premiados sean sólo del ámbito teatral, también provienen del cine, de la música, las letras y el periodismo. Los ganadores de esta segunda edición fueron: Edda Díaz, José María López, María Esther Fernández, Ivonne Fournery, Carlos Gianni, Karina K, Ana María Casó, Claudio Tolcachir, Graciela Maglie, Sergio Vainikoff, Fanny Mandelbaum, Ramona Galarza, Norma Aleandro, Cecilia Rossetto, Marilina Ross, Luis Puenzo, Francisco Javier, María Rosa Fugazot, Carlos Rottemberg, Raúl Serrano y Luis Ramos (…)”
(Diario La Nación, 28/4/2017).
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“La Raulito”, más vigente que nunca

“El arte y la sensibilidad siempre permanecen de pie ante los embates del paso del tiempo. Y los clásicos tienen precisamente ese sabor que los distingue. Son únicos, precisos, contundentes, macerados como los buenos vinos. La Raulito es un claro ejemplo de esta circunstancia. (…) A cuarenta años de su estreno (10 de julio de 1975), DiarioShow generó una convocatoria especial. En efecto, la gran protagonista gran, Marilina Ross (La Raulito), aceptó de inmediato el convite y estuvo acompañada por parte de aquel elenco inolvidable que le puso registro a uno de nuestros filmes más representativos de todos los tiempos. Ana María Picchio también estuvo presente, de la misma manera que Jorge Martínez y la productora ejecutiva Lita Stantic. Como dato de color, una de las sorpresas de esa historia se sumó al festejo. Se trata de aquella nena de la calle que en ese entonces contaba con 7 años: la inolvidable Medio Pollo. Esa chica, llamada Juanita Lara y hoy convertida en madre de familia.
(…) La Raulito tuvo un enorme significado para mí desde lo artístico y también desde lo humano. He tenido la suerte de conocer a ese personaje en la vida real y meterme de lleno en sus angustias, sus temores y sus alegrías, contó Marilina.
(…) Por su parte, Juanita Lara señaló: Mis padres eran caseros de una estancia de Leonardo Favio. Con mis hermanos nos gustaba hacer representaciones de obras. De esta manera, Leonardo me recomendó a Lautaro Murúa y pude hacer de lo que era, una niña, pero de la calle. Filmamos en muchas locaciones urbanas y también en la propia villa 31. En una escena casi me peleo con un pibe que le quería robar parte de la comida a Marilina y eso quedó registrado sin estar pautado en el guión. (…) En la esquina de San Juan y la avenida 9 de Julio se había colocado un puesto de diarios para una determinada secuencia. El dueño de un quiosco “verdadero” que se encontraba a escasos metros fue a increpar a Luis Politti y a La Raulito porque el nuevo puesto perjudicaba el suyo y les exigió que se fueran inmediatamente. La escena se filmó completa, fuera de libreto.
(…)
Ana María Picchio, la tercera en llegar a la reunión, evocó una situación también sumamente simpática: Estábamos rodando una escena en un cabaret, en un subsuelo, ubicado en Corrientes, a metros de San Martín. Yo tenía que realizar un paso de baile muy sugestivo en el escenario. Uno de los referentes de ese lugar se quedó tan movilizado con esta situación que me pidió a gritos que continuara. Supuestamente lo había hecho muy bien. La cosa no quedó ahí, ya que uno de los asistentes de producción casi se agarró a las trompadas con esta persona que me acosaba y tuvo que intervenir Lautaro (Murúa) para evitar que la cosa pasara a mayores.
En tanto, Lita Stantic, una de las productoras de mayor renombre en la historia de nuestro cine, contó: La película se rodó de manera no evidente. La cámara siempre estaba dentro de una caja y a una considerable distancia se encontraba el camión de filmación. Se le quería dar el rigor de una enorme verosimilitud. Había que meterse de lleno en esta historia y el clima de determinadas escenas tenían que ver, en definitiva, con un perfil marcadamente neorralista.
Jorge Martínez fue el último invitado en llegar al evento. El popular actor recordó que el personaje del juez que le tocó en suerte desarrollar estaba destinado a Alberto Argibay, quien finalmente no pudo concretar ese trabajo porque debió afrontar una operación de urgencia. Martínez era en ese entonces pareja de Marilina y conocía a fondo el guión por lo que, invitación mediante de Murúa, pudo desempeñarse con un óptimo desenvolvimiento. Estudié la escena en poco tiempo. Lo que sí me asustó fue la violencia y la contundencia que puso Marilina en su personaje. Empezó a tirar expedientes, sillas y escritorio. Creí que había algo personal, pero luego se me disiparon las dudas”, dijo Jorge entre risas.

(Ricardo Filighera, Crónica, 13/5/2015) -La nota original aquí

Premio a la Cultura “Arturo Jauretche” 2007

Marilina agradeciendo emocionada el Premio a la Cultura Arturo Jauretche 2007, otorgado por el Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche a figuras relevantes del pensamiento nacional, popular y latinoamericano por sus destacadas labores en el campo cultural (octubre de 2007). Otros premiados en esa oportunidad fueron Tom Lupo, Rubén Stella, Graciela Maturo, Stella Calloni, Luis Bruschtein, Alfredo Ferraresi, Enrique Manson, el CEMIDA, Jorge Marziali, Gonzalo Cháves, Octavio Getino, Ramón Torres Molina, Doris Halpin (en memoria de su esposo Ricardo Carpani) y Andrés Soliz Rada.

“Es aún más emocionante que 41 años atrás, cuando se estrenó. En el Bafici, se pasó la copia restaurada de La tregua, la célebre y popular película de Sergio Renán, de 1974, que compitió por el Oscar. La recuperación del film fue posible por la Ley de Mecenazgo de la Ciudad. En la sala, había cinco de los actores que intervinieron en el film: Ana María Picchio, Cipe Lincovsky, Marilina Ross, Diego Varzi y Sergio Renán, que la dirigió y actuó en una escena arriesgada para la época: la Triple A aterrorizaba al mundo artístico e intelectual con acusaciones de izquierdismo y prédicas de una derecha recalcitrante. Sin mencionar la palabra homosexualidad, tema tabú por excelencia, Renán sostenía en una escena una discusión dramática y punzante sobre la cuestión con Héctor Alterio. (…) Como muestra de lo que representa la restauración, a manera de prólogo, se pasaron escenas de la copia original, muy perjudicada por el tiempo, y de la restaurada. La diferencia en los colores, en la nitidez y, especialmente, en el sonido, es muy notable. La hondura y la sensibilidad con que Renán, en su primer trabajo para el cine, retrató a los personajes es lo que ha preservado a esa obra de los años pasados. Además, el film tiene ahora un valor de documento social. El trato entre los empleados o entre los hombres y mujeres que empezaban tímidamente un noviazgo era de una formalidad hoy impensable. Los compañeros de oficina se llamaban por el apellido. Los novios se trataban de usted. Lo que permanece fresco en esa pintura admirable de la clase media son los sentimientos, la mirada incisiva y, a la vez, la profunda compasión por esas vidas sin esperanza: algo que sólo es posible por la mano de un artista.”

(Hugo Beccacece, La Nación, 24/4/2015)