Lentes

“(…) Cuando el sol ya había caído y la fiesta de cuerpos entrelazados continuaba, hubo algunos que fueron corriendo a cambiarse los lentes, como lo hizo hace 35 años el gordito alucinado de Puerto Pollensa, del que escribió Marilina Ross y cantó Sandra Mihanovich. Aunque, en este caso, el cronista sospecha que fue para ver mejor.”
(Besazo colectivo contra la policía de la ciudad, Nicolás Romero, Página/12, 7/10/2017)

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“Varias veces, el Uritorco es como un emblema, yo tengo una casa cerca de ahí. Toda esa zona del Valle de Punilla tiene energía, medito mucho ahí.
—¿Vas sola o acompañada?
—Voy con medio mundo, con los músicos… Una vez nos juntamos con Julia Zenko, Sandra Mihanovich, Marilina Ross y otras amigas más, en esa ocasión fuimos a la localidad de Cuchi Corral. Cantamos ahí arriba a la noche, fue muy emocionante estar meditando y que Marilina se levante y cante Honrar la vida solo para la inmensidad, no para el público sino para quien esté ahí escuchando. Lloramos mucho, yo hago mucha catarsis. Te encontrás en un lugar espiritual muy hermoso donde el canto es el vehículo y estás conectado.”

(Patricia Sosa, Perfil, 25/8/2017) –la nota completa aquí

Ser o no ser rock

“En la década del ’70 empezaron a aparecer algunas mujeres en la escena del rock nacional, entre las que pueden contarse Gabriela Parodi, Mirtha Defilpo y María Rosa Yorio. Sin embargo, no ocupaban lugares de paridad frente a los protagonistas indiscutidos que eran todos varones. (…) A partir de la guerra de Malvinas se prohibieron las canciones con letras en inglés y esto generó una demanda de nuevas propuestas en castellano. Como parte de ese proceso las mujeres regresaron a escena. Algunas como Yorio, Patricia Sosa y Silvina Garré devinieron artistas apoyándose nuevamente en las relaciones de alianza con un músico. Otras artistas, como Sandra Mihanovich, Marilina Ross y Celeste Carballo operaron una ruptura aún mayor cuando construyeron su carrera por fuera del amor heterosexual. Además de ingresar al mundo del rock nacional sin la mediación de las relaciones amorosas y proponiendo otras formas de ser cantante, las tres artistas se relacionan con la visibilización de la homosexualidad femenina frente a los discursos patologizantes hegemónicos en la época. Sus canciones y performances cuestionaban la moral sexual, ‘occidental y cristiana’, defendida por la última dictadura, comenta Gustavo Blázquez [investigador independiente del CONICET en el Instituto de Humanidades].”
(Marina López Cordero en Conicet.gov.ar, 13/7/17)