La actriz que quería cantar

Desde Tita Merello o Libertad Lamarque hasta Soledad, Natalia Oreiro o Leticia Brédice, muchos son los ejemplos en la historia del espectáculo en nuestro país de figuras femeninas que alternaron la canción y la actuación. El caso de Marilina Ross, sin embargo, es particularmente curioso: después de haber probado sobradamente su talento como actriz, de haber conseguido la aprobación del público y de los críticos, de concretar proyectos ambiciosos y personales, e incluso de trascender fuera de nuestro país, decidió desarrollar exclusivamente su vocación de cantautora. Con Manekenk retorna al cine, de la mano del documentalista Juan Schröeder.
– En los años ’60 cumpliste roles secundarios con directores importantes: Ayala, Torre Nilsson, Lucas Demare, el español Luis García Berlanga. Me gustaría saber qué recuerdos conservás sobre todo de Ayala, con quien filmaste dos películas, y de la experiencia de Las pirañas con García Berlanga.
– Con Ayala fue mi primer trabajo con responsabilidad, la película Primero yo, la primera difícil. Aunque la primera en realidad fue El televisor, era un personaje que estaba muy cercano a mí, una piba adolescente divertida, digamos que tenía mucho más que ver conmigo en ese momento. Pero lo de Primero yo era toda una complejidad de personajes y de relaciones, violación de por medio (hasta entonces yo no había mostrado más que una sonrisa)… Me daba muchísima vergüenza esa escena con Alberto de Mendoza. Fue lo primero difícil que me tocó hacer en cine, pero de su mano fue bastante más fácil, porque era un tipo muy cálido, muy padrazo. Y conmigo más, porque yo era una niña casi.
– ¿Y de García Berlanga?
– Con García Berlanga no fue muy placentero porque él no estaba nada bien. A él no le gustaba, estaba muy descontento con toda la producción argentina, muy descontento. Se lo veía que no tenía ganas de hacerlo, que cumplía. Y eso yo lo vi de entrada. Entonces era difícil. Te digo: en una escena, en el doblaje, él se dormía, le daba igual… (imitándolo) “Bueno, venga, ya, ya ¿ya está? Ya está, venga, la próxima” (se ríe)
– ¿Volviste a verlo cuando estuviste en España?
– Lo vi en España, sí. Pero en un bar, así nomás nos saludamos, no mucho más.
– En esos años tenía mucho éxito La nena ¿nunca se pensó en llevarla al cine?
– Y sí, de hecho se hizo. Como yo dije que no, se armó un lío (se ríe)… Tuvieron que hacerlo con otra actriz, y ya pasó a llamarse de otra manera, y se encontraron con muchos líos porque yo no quería hacer La nena para toda la vida. No quería quedarme en eso. (Marilina se refiere a ‘No toquen a la nena’, película dirigida en 1975 por Juan José Jusid)
– Justamente, finalizando la década, comienza el trabajo con Gente de Teatro. La experiencia en cine con el grupo, Los herederos ¿te dejó conforme?
– Y claro, porque eso fue distinto, porque a partir que formamos el grupo Gente de Teatro éramos nosotros mismos los productores, los que elegíamos todo: qué hacer, con quién, cuándo y con qué producción… Teníamos reuniones de grupo, éramos nuestra propia productora. Sí, sí, además se trabajaba muy bien porque compartíamos todo, prácticamente convivíamos, nos llevábamos muy bien todos.
– Justamente, hablando de que compartían tantas cosas e incluso tenían objetivos comunes…
– Matrimonios inclusive…
– Claro… Digo: en materia política, en una época donde se discutía mucho de política ¿no había discusiones fuertes entre ustedes?
– Se hablaba de política, por supuesto, había distintas opiniones también, pero se respetaban. De hecho, en el fondo, el objetivo era el mismo. Tal vez, como siempre, eran distintas maneras para llegar al mismo objetivo, ésas eran las diferencias. Pero buscábamos todos… no sé, una… una justicia un poquito más grande… Justicia social, me refiero.
– Con respecto al padre Carlos Mugica, de quien fuiste amiga, me gustaría saber si le gustaba el cine, si había visto alguna de tus películas, si tenía predilección por alguna de tus canciones…
– Cuando se iba de la villa, lo que le gustaba mucho era jugar al tenis. Jugaba muy bien al tenis y al fútbol. No mucho más te digo, no recuerdo haber hablado de … (piensa) No era un cinéfilo, para nada. No…
– ¿Y de lo que cantabas?
– Yo en aquél momento no cantaba prácticamente.
– Cuando ibas a cantar a la villa, digo.
– Claro, pero eran canciones relativas al momento político, y yo iba con un grupo, que se llamaba la José Podestá, pero es como otra cosa porque eso lo hacíamos en los sindicatos, en las calles, en cualquier lado, y a la villa de Mugica fuimos una vez, nada más. Mi amistad con Carlos iba por otro lado. Yo iba a estar allí porque quería estar cerca de la gente.
– La pregunta que te voy a hacer a lo mejor te va a traer un mal recuerdo: cuando murió él ¿cómo te enteraste?
(La expresión de su cara demuestra que, efectivamente, le trajo un mal recuerdo) Por televisión… Estaba viendo televisión y de repente escucho “Acribillaron a Carlos Mugica”, y que estaba en el hospital Santojanni. Todo lo que recuerdo es que me levanté, paré el primer taxi y dije “Al hospital Santojanni”, que no tenía ni idea de dónde quedaba… De allí ya no me acuerdo más nada. Me contaron los demás qué hice, con quién estuve, porque se me borró todo. Fue tal el shock… Me contaron los demás que me vieron parada en la esquina llorando no sé cuánto tiempo…
– Hace relativamente poco, cuando te preguntaron qué quedaba del peronismo de los años 73/74, dijiste “Creo que ya no queda nada. Las películas de Favio quedan, y no mucho más”.
– No me refería a “las películas”, me refería a esta última producción de Favio sobre el peronismo, Perón, sinfonía del sentimiento, que no pudo llegar a la gente, mirá qué curioso. Preguntémonos todos por qué.
– ¿Cómo ha sido tu relación con Favio, tu amistad con él?
– No tengo, no somos amigos. Sí somos cordiales compañeros, pero no particularmente amigos.
– ¿Nunca te propuso participar en alguna de sus películas?
– No, no… Compartimos el charter, eso sí.
– Un recuerdo de dos películas que estuvieron prohibidas: Ufa con el sexo y Los años infames.
– De Los años infames lo gracioso, lo tragicómico digamos, es que le mandaron al director, (Alejandro) Doria, que esa película no se podía estrenar mientras estuviera yo, y otros… No (confirma), porque estaba yo… Entonces, como la producción dijo “La estrenamos igual, la tenemos que estrenar”, recortaron mi personaje, lo sacaron de toda la película y dejó de existir directamente, y se estrenó. Cosa bastante loca…
– El trabajo de los actores en La tregua fue unánimemente elogiado. ¿Cómo trabajó Renán para lograr justamente esos resultados?
– Ensayamos, ensayamos como si fuera teatro. Pero ensayamos antes de empezar a filmar, y ya teníamos mucho conocimiento de cómo iban a ser las escenas. Nada quedó librado al azar. Te diría que hubo ajustes de acuerdo a los decorados, pero nos sabíamos muy bien todos lo que íbamos a hacer.
– De La Raulito te quería preguntar alguna cosa que no te hayan preguntado todavía, por ejemplo: la idea de incluir a Medio Pollo ¿de quién fue?
– Estaba en el libro de Juan Carlos Gené, porque había venido de televisión, de Cosa juzgada, y Gené había inventado ese personaje, que no existía en la realidad. O existieron muchos… Digamos que sintetizó en este Medio Pollo criaturas que la Raulito ayudó. Dicho por ella. Si la mayoría de las veces que afanó un salamín por ahí, era para dárselo a un pibe que tuviera hambre…
– Además del monólogo, hay una escena también muy conmovedora: cuando La Raulito irrumpe en la cena navideña del médico, Duilio Marzio. ¿Tenés algún recuerdo en especial de esa escena?
– Sí, que me caí y me torcí el tobillo cuando me tiré de la ventana (se ríe)… No sólo eso sino que, cuando filmamos el final de la película, esa carrera por la arena, que fueron en realidad tres días…
– Que fue lo primero que se filmó…
– Sí, lo primero que se filmó… Tres días me pasé corriendo por la arena, ocho horas diarias. Ya al tercer día llamamos al médico porque no me podía ni mover, tenía las piernas inflamadas, me tuvieron que poner hielo para poder empezar a filmar.
– ¿Eran concientes que muchos elementos de la película tenían que ver con el momento político que se vivía? Por ejemplo, empieza y termina con sirenas policiales, el hecho de que a la Raulito la persigan, ese clima policial…
– No, no era eso. No creo que eso fuera el centro de la película, el meollo. Esto lo he hablado con muchos médicos, psicoanalistas o profesores del psicoanálisis, me dicen que para ellos fue un paradigma la Raulito, porque a partir de allí cambió muchísimo la visión de lo que hasta allí se manejaba, que era “¿Está cuerdo? Ah, si no es cuerdo es loco”. Y entonces la Raulito puso otro lugar, que no está ni loca, ni es delincuente… Es una desamparada, no sé ni cuándo empezó a vivir sola en la calle, vivió sola por todos lados. Y a la vez, su necesidad de libertad… No podía estar encerrada, no podía estar coartada su libertad.
– ¿Tenés alguna anécdota de cuando la película se exhibió en otros países, en España por ejemplo?
– Bueno, precisamente, a eso apuntaba lo que te estaba contando. En España la policía y todo eso ya no tenían mucho que ver, ya Franco había muerto, o estaba por ahí… Y tuvo un éxito impresionante. Fue la primera película argentina, por ejemplo, que no pasó por doblaje español. Fue toda una lucha conseguir esto porque allá se doblaban todas las películas: las argentinas, las habladas en el mismo idioma, ni hablar las extranjeras. Escuchar a Marlon Brando decir “Pero venga, follón” (se ríe)... Yo me moría, no podía ir al cine, no podía, no podía escuchar esas cosas.
– Paso a Piedra libre: me interesaría un recuerdo de Leopoldo Torre Nilsson, Beatriz Guido y Mecha Ortiz.
– Mecha Ortiz una maravilla, una maravilla. La sensación de estar ahí con un prócer, con un mármol en vida ¿no? Pero además con una vitalidad y con unas ganas hacía todo su trabajo… Y si había que ensayar ensayaba, y pasábamos letra fuera del escenario. Impresionante toda la energía que tenía esa mujer. Y Leopoldo Torre Nilsson y Beatriz Guido… muy profesionales. Esa es la sensación que me quedó. Yo había hecho otra película con ellos [El ojo que espía, 1966] donde los vi más metidos, más entusiasmados, mientras que en ésta estaban como… tipo Berlanga ¿no? (se ríe) Cumpliendo.
– Hay una anécdota muy graciosa, que una vez contaste por TV.
– La del baño… (Le había pedido a Torre Nilsson que, para sentir menos vergüenza al filmar la escena en la que ella y Luisina Brando se bañan desnudas bajo la ducha, todos se quitaran la ropa, obteniendo como resultado que el realizador y los demás quedaran en calzoncillos) Sí, eso fue divertido, y lo movilizó un poco.
– Cuando fuiste a España, estabas contratada para hacer Parranda y otra película, que no se filmó.
– Que no la hice yo… Después la hizo Ángela Molina. Ella hizo el papel que me habían propuesto a mí. Era buenísima, pero demasiado fuerte y yo no estaba en condiciones. Yo estaba muy convaleciente (sonríe)... y no estaba en condiciones. (La película era “Camada negra”, de Manuel Gutiérrez Aragón)
– Además de haber cantado en Piedra libre, también lo hiciste en dos películas que filmaste en España: en La Raulito en libertad cantás una canción de Roberto Carlos, y en Al servicio de la mujer española cantás al final, en off. ¿Vos lo propusiste o te lo propusieron los directores?
– En Piedra libre compuse, además, esas canciones, con letra de Beatriz Guido. En La Raulito en libertad había que hacer un show en esa escena, y yo recordé haberla escuchado a la Raulito cantar eso, y entonces le propuse a Lautaro (Murúa) cantar ese tema. Y en Al servicio… me había hecho muy amiga del director y de su mujer, y la hermana de la mujer era cantautora. Las Vainicas se llamaba su grupo. Yo le mostraba mis canciones y ella me mostraba las de ella. Cantábamos en reuniones y qué sé yo, entonces me pidió que yo cantara esa canción que era de ella, de la cuñada de Jaime (de Armiñán).
– En La Raulito en libertad hay una escena donde la Raulito se pierde en el campo, y empieza a recordar y a contar cosas de Buenos Aires ante unos campesinos. Yo pensaba si no eras vos, también, que estabas en España recordando cosas de tu país, en ese momento.
(Recuerda sonriente) Esa es la escena que más me gusta, y que me dio más placer hacer… (hablando como la Raulito) ¡Y el obelisco llega a las nubes!…
– También se dijo muchas veces que la película fue un fracaso económico ¿No afectó tu relación con Lautaro Murúa?
– Sí, pero no el aspecto económico, fue otra cosa que dañó la relación. No el aspecto económico mío, por lo menos… El de otra persona.
Soldados fue la única película española donde estuviste doblada.
– Gracias a Dios. Para mí era una exigencia, además cuando lo hacía en español decía ¿pero quién está hablando? No era yo la que estaba hablando, no me creía nada. Nada era verdad de lo que estaba diciendo. Y lo que uno busca es que sea verdad ¿no? por supuesto… Menos mal que me doblaron.
– Cuando volviste a la Argentina muchas veces te ofrecieron trabajar en cine. Me gustaría saber de alguna película que después, al verla, hayas pensado que hubiera sido bueno hacerla.
– La de Solanas, El exilio de Gardel. Pero justo me la vino a proponer cuando yo tenía muchísimo trabajo como cantautora, giras preparadas, toda una banda… Yo no podía echar por tierra todo eso. Se lo expliqué, además, y como él hace música y canciones, lo entendió. Le dije “Mirá, no puedo, en este momento mi amor está puesto en la música”. Y me dijo “Yo te entiendo, ojalá pudiera yo también…”
– ¿Y alguna otra que recuerdes?
(Piensa)… Que me haya gustado… Sí, El mismo amor, la misma lluvia. Pero era un personaje muy chiquito, no le vi mucho desarrollo, es más, ya ni recuerdo tampoco la actriz que lo hacía. Lo lamenté porque vi que era un tipo muy talentoso (Juan José) Campanella, entonces aunque más no hubiera sido por eso lamenté después no haberlo hecho.
– De todas maneras, participaste últimamente en dos películas ¿Cómo fue la experiencia de haber actuado en Manekenk y El fuego y el soñador?
– Con Manekenek fue buena, la otra fue un poco más complicada. Pero acepté por afecto, porque tenía que hacer de Bárbara Mujica, y eso me impresionó mucho… Y en cuanto a Manekenk, ideológicamente, todo lo que decía sobre el cuidado del planeta en este momento, es lo que vengo diciendo en las canciones, y era muy coherente con mi discurso.
(Entrevista realizada por F.G.Varea para Leedor.com, febrero de 2004)
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