“Mírenme a los ojos, estoy abierta en dos”

Tenía vocación de santa o domador, de actriz para jugar al llanto y al amor, decía Marilina Ross en Fotos mías, aquella vieja canción de su primer álbum, editado en 1975. Esa travesura del disco, que vino a caballo del hit novelero Queréme, tengo frío, fue el comienzo de una aventura que superó al berretín. Y un día la cantante dejó a la actriz en el arcón de los recuerdos.
Pasaron 23 años. Y una noche apareció, como en un pase de magia, en la pantalla de los televisores. Allí estaba su rostro pleno, luminoso. Algunos momentos merecen quedar registrados en un rincón del alma.
Porque Marilina Ross, aquella de Yo soy porteño, La nena, La tregua, Cosa juzgada, Piel naranja, La Raulito, empujada al destierro, se cansó de estar cansada. Las noticias que llegaron de España fueron ralas y las películas que filmó -una segunda parte de La Raulito, Al servicio de la mujer española…– aquí estaban prohibidas por su sola presencia. Y de tanto cansarse se cansó de la actriz.
Cuando Marilina Ross regresó en 1981 lo hizo con una guitarra bajo el brazo. Se reencontró con su público cantando en el Teatro del Picadero, que también ardería poco después bajo las llamas de la intolerancia.
Pasaron 23 años. El mismo Gené que escribía los libretos de Cosa juzgada le puso su firma a Comunico milagros y con la batuta de Alejandro Doria -quizás el mejor director de actores de la Argentina- se materializó el regreso de la actriz. Curiosamente Rosa, su personaje, era una mujer que se empeñaba sin éxito en difundir buenas noticias de pequeños héroes anónimos. Comunico milagros soltaba. Con la emoción estallando en los ojos brillosos, decía: Yo veo lo que hay detrás de las personas.
Sin hablar, Marilina Ross parecía repetir el estribillo de aquélla canción Mírenme a los ojos, aquí estoy abierta en dos. El milagro que se comunica entonces es que una herida ha cerrado, la actriz desempolvó a la actriz herida y adomercida. El milagro se produjo por la vía de ese cuadrado azotado y maravilloso que es la tele. Desde algún lugar deben estar sonriendo David Stivel, el negro Carella y Luis Politti, que se murió de tristeza en España.
La creación artística es un gesto de amor universal que derrota a las sombras y a los sombríos. Es la comunión de un segundo, el milagro. Este quedó registrado como una instantánea que dice más de lo que parece.
Marilina Ross puede agregar ahora otra estrofa a Fotos mías, aquella vieja canción.”

(Juan Trasmonte en Perfil, julio de 1998, después de la emisión por Canal 13 de Comunico milagros)

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