De pronto me di cuenta

“Una tarde, un té frío, una espera, estaba yo en la puerta del Shopping Palermo ansiosx por patinarme el magro sueldo que me tiran por estas crónicas y no me decidía entre los discos, los libros y la radio, cuando de pronto casi sin querer crucé la avenida y casi sin querer aparecí en la puerta del Registro Civil de Coronel Díaz arrastradx por una turba de gorditos de gafas y micrófonos batientes de entre la que pude reconocer a mi amigo, el diseñador Fabián Muggeri gritando ‘¡SOS Lux!’ Sí, yo siempre soy Lux, ¡qué necesitás? ¡S.O.S. quise decir! Un poco de aire, que me estoy asfixiando en medio de esta multitud maleducada, que las disculpas se han perdido, como perdida estoy sin vos, y tengo frío. Entonces, más rápidx y servicial que bomberx, lo tomé entre mis brazos y me abrí paso entre la gente para manosearlo como se merece y sacarlo a respirar el oxígeno congeladísimo de la mañana. Pero no llegué, porque una cámara me hizo un primer plano directo y hasta el fondo de lo que me queda de frente, que es más de dos dedos a pesar de lo que se anda diciendo por ahí, y me desvanecí perdiendo la conciencia aunque no la postura y un rato después al abrir los ojos, erguidísimx, vi a la gran actriz argentina, la protagonista de La historia oficial, penetrar en el recinto con su vaporoso tapado blanco y la peluquería todavía fresca en el brushing impoluto, y su mirada se clavó en mis ojos y mi sonrisa se instaló en mi cara. ¡Se nos casa la HeteroNorma, God bless you!, grité emocionadx mientras la Aleandro se protegía el peinado de otra cámara intrusa. ¡No seas brutx Lux, que la que se casa es Marilina!, ¡Ross! ¡Arroz para las tortas! Empezaba a vociferar un mocoso movilero cuando alcancé a taparle la boca de un chupón. Más respeto que Marilina, como una semilla que no puede ver la luz, no va a decir que es lesbiana nunca ni que se case, y hay que respetarla si no quiere. Tengo entendido que ha dicho que si lo dice lo va a decir después que lo diga Sandra y cuando tenga como 70, cuando el agua se haya enfriado ya bastante… Es que ya cumplió 70, me dijo dándome un puñadito de Doble Gallo una cronista de espectáculos que tiene acceso irrestricto a la fe de bautismo de toda la farándula. Estás hecha una piba, Marilina quise decirle conociedo de memoria la respuesta: ‘es que la niña que fui se alegra de verme llegar al final donde el Sol va a dar a luz el amor’. ‘Si la ves a Sandra y a su novia decile que anduve por acá —me gritó de lejos mi amigo—, porque me voy ahora mismo, acá ya no entra un alfiler.’ Novia de acá novias de allá, me pareció estar asistiendo a la caída del Muro de Berlín, aunque con unas cuantas décadas de retraso. Juan José Camero con lágrimas de Nazareno Cruz, me sacó de mis asociaciones contándome orgulloso de su granito de arena en el Puerto Pollensa legalizado entre sus dos amigas, las novias. Asentía del brasete Cecilia Rosseto, que lucía una bufanda rojísima como fruta prohibida. ‘¿Qué hacés por acá, Lux?’, me preguntó la Barby, pero ni llegó a escuchar mi respuesta porque en ese preciso instante una especie de efluvio boreal que venía desde la avenida la empujó hacia el centro del salón perdiéndose de mi vista. Es que detrás de ella entraban nada más y nada menos que las novias en fraskeadas en sendos fracs, uniforme de tortas de bodas si los hay y para que a nadie le quedaran dudas. Con un cartel que oficiaba de calefactor simbólico en un día de tanto frío y que decía ‘Aunque no lo veamos el sol siempre está’ Marilina se sacaba fotos para los medios con el coso ese en la mano, como si Yayoi Kusama le hubiese regalado su mejor obra. Pero la escena no tuvo nada de japonesa hasta el momento en que empezaron a caer sobre sus smokings, el pelo de Norma y la bufanda de Cecilia, los Doble Gallo oro que brillaban en el aire como estrellitas. ‘¡Marilina arroz, Marilina arroz!’, grité cuando nuestros cuerpos (el mío y el de Camero) festejaron juntos, a punto de estallar en llanto sobre el hombro de Julia Zenko. Thank you, Julia, thank you, le dije a la cantante, por la contención. Y me fui cantando bajito, aunque no las veamos, todxs lo sabíamos, el sol siempre estuvo. Y me alejé por la avenida, ahora mis pasos van por la vereda, quitándome las ropas, que más vale tarde que nunca, otras manos, otras puertas abren.”

(‘Lux va al casamiento de Marilina Ross y Patricia Rincci’, Suplemento Soy del diario Página/12, 28/7/2013)

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