La destapada

“(…) Ellas eran omnisexuales –Celeste Carballo dixit–, persona que canta –Sandra Mihanovich textual–, persona que ama –Marilina Ross, hace sólo tres años-. Hubo un tiempo (¿hubo un tiempo?) en el que la palabra lesbiana estaba proscripta al menos en el ágora de las artistas. ¿Y por qué había que pedirles a estas pocas y valientes que derramaran sobre ellas una palabra que sólo se quería para el título y el escándalo? ¿Tal vez porque debajo del escenario había miles que la hubieran bebido como agua después de un maratón, porque eso les hubiera abierto la boca para poder nombrarse? El arte no es un servicio social y alguna brecha abrieron de todos modos. Algo de lo impensado se instaló y se expandió en cada casa y la memoria obliga, agradecida. El lunes, a sus 70, Marilina Ross se casa con Patricia Rinci, su pareja desde hace ocho años. La fiesta será en un restorán propiedad de la pareja de Sandra Mihanovich y ella misma cantará, no Soy lo que soy, sino el Ave María y si quedan vírgenes alguna se sonrojará con la ceremonia ahora que ya no llama la atención, las medias voces fueron aplacadas y los guiños quedaron encandilados por los fuegos artificiales de una modesta pero inapelable revolución cultural. Una revolución con más prensa que otras como la ley de identidad de género –¡la libertad legislada y protegida de ser y parecer a contramano de la biología y los deseos paternos!– porque se instala como un perrito faldero sobre las rodillas de la burguesía y el orden heterosexual abriendo un abanico de posibilidades que no deja de desplegarse. Si en 2003 –cuando Celeste se lo dijo a este suplemento– decirse omnisexual parecía una gambeta, hoy bien podría escucharse como una fantasía tentadora. Y si ahora que se casa, María Celina Parrondo o Marilina Ross que es lo mismo, la mujer que viajó con Perón en su efímero regreso al país en 1972, la que fue amada en la ficción casi queer de Alberto Migré por Arnaldo André, la que fue proscripta como actriz por la dictadura y se reinventó como cantante en la democracia; si ahora ella se dice persona que ama estará hablando de sí sin medias lenguas mientras otras tantas y tantas lesbianas, jóvenes y viejas, dejarán caer unas lágrimas no sólo por poder decir cada una su propio nombre, también en memoria de ese sendero angosto por el que alguna vez se escaparon, ese escondite húmedo entre la maleza o en la playa que por oscuro era bocado para el deseo. Que por descubierto podía convertirse en canción.”

(Marta Dillon, suplemento Las 12 del diario Página/12, 19/7/2013)

-leer la nota completa aquí

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s