Jaime de Armiñán en Buenos Aires

“Al llegar a Buenos Aires me dijeron que el tango ya no existía, que era sólo rancio alimento de forasteros. Aquella triste noticia dejó mi corazón descolocado y mucha vergüenza me dio indagar dónde aún se tocan tangos. En negocios para japoneses o para yanquis, acá la música es moderna, che, y hace 60 años que a Carlitos le dieron la boleta en el aeropuerto de Medellín (Colombia). Es cierto que El viejo almacén ya no está, pero también es cierto que a la plaza de toros de San Sebastián se la llevó el tiempo y aún siguen yendo los aficionados a las corridas generales de Bilbao y a la maestranza de Sevilla. Una chica me enseñó la verdad. Siempre son las chicas las que enseñan. Ésta, además, canta tangos y sabe cómo huelen las esquinas de Palermo, su barrio: se llama Marilina Ross y en estos pagos dejó su huella. La linda pebeta me llamó a El Club del Vino, un restaurante que te mueres, donde los martes y sábados canta tangos, un bacán de talento y buena clase. Ni rastro de gente de fuera, sólo los cabales. Y al Conde de Palermo, donde ella es condesa: es un local agrisado por el humo de cientos de cigarrillos, poblado de minas y compadritos de hoy mismo, algún desorejado, pero también señoras y señores de buena clase, todos -por fortuna- hablando español, aunque ciertas palabras no las cacemos los gallegos, siempre admirados, siempre queridos, siempre pasto de chistes sin mala voluntad. Allá cantaba el viejo maestro Virgilio Expósito, hermano del gran Horacio, autor de muchos inolvidables tangos y una buena moza, de voz grave, boca grande y ojos muy negros, que se llama Adriana Varela: Golondrinas, Corazones perversos, Maquillaje… La condesa de Palermo me miraba divertida y parecía decirme: El tango es inmortal, como es inmortal la soleá, la milonga y el fandango. ¿Cómo se lo van a llevar los turistas en un tablao flamenco de pacotilla o en un conventillo de mentira? El tango es puerto amigo donde ancla la ilusión. Al ritmo de su danza se hamaca la emoción. Y Buenos Aires y a lo lejos la voz del bandoneón.”

(Jaime de Armiñán, 20/6/1995, diario ABC de Madrid, España)

Armiñán dirigió a Marilina Ross en Al servicio de la mujer española (1977).

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